Cuando yo estudiaba, los que no teníamos contactos en el mundo del periodismo concebíamos las prácticas como la llave de entrada al mundo laboral. Además, nos habían vendido la moto de que, una vez que termináramos la carrera, no podríamos ser becarios en ninguna empresa y perderíamos así la oportunidad de conectar con un sector profesional cuyo acceso estaba (y sigue estando) muy restringido.
Conozco el caso de algún compañero que al matricularse en 5º curso se dejó algunas asignaturas, a pesar de que podría aprobarlas todas sin mucho esfuerzo, porque entonces podría hacer un 6º curso y así seguiría con las prácticas durante un año más. Todo eso resultó ser una mentira. Si quisiera, después de seis años de experiencia laboral, podría seguir siendo becaria. De hecho, últimamente sólo llegan a mi perfil de Infojobs ofertas para ese tipo de empleos encubiertos (que es lo que son).
Esto sucedía porque, en aquellos años, entendíamos que un becario era un estudiante que trabajaba durante 4-5 horas en una empresa, donde realizaba labores de apoyo a los trabajadores. Servía únicamente para entrar en contacto con el mundo laboral y conocerlo de primera mano. Se sobreentendía que el becario no era parte integrante de la plantilla, porque sus responsabilidades eran prácticamente inexistentes.
Sin embargo, se ha abusado de esta figura hasta la extenuación y ahora los becarios son trabajadores encubiertos. Son una parte más de la economía sumergida. En mi primera experiencia como becaria, me pusieron a trabajar como una más. En realidad, fue algo que siempre agradecí y de lo que me sentía orgullosa. Sin embargo, hace poco lo comentaba con un antiguo profesor de mi facultad y me hizo entender que aquello no era lo correcto (algo que yo sabía, pero no quería reconocer).
La calificación "becario" ha permitido que se cometan una y mil injusticias. Los nuevos becarios trabajan ocho horas y más, ya no son estudiantes, hace varios años que terminaron sus estudios, tienen responsabilidades, hablan varios idiomas, tienen años de experiencia y han pasado ya por varias becas. Todo eso por un sueldo (que adopta los eufemismos de dotación, asignación o beca) muy inferior al que percibiría un trabajador, sin cotizar Seguridad Social y sin derecho al subsidio de desempleo.
Sin lugar a dudas, la etiqueta de becario permite al resto de trabajadores situarse en una posición superior a la de este ??SSS (¿trabajador?) y, en cierto modo, encargarles las tareas menos apeticibles con la excusa de que están "aprendiendo". También les permite cerrarles la boca cuando quieren hacer valer su opinión. Todavía recuerdo el comentario de una de mis jefas en una situación similar: "Tú no comprendes que eres un ave de paso". Como si eso fuera razón suficiente para aguantar cualquier ignominia.
En definitiva, un becario se ha convertido en un trabajador (joven) SIN derechos y CON deberes. Y del abuso de este figura pueden culparse empresas pequeñas, medianas, grandes, multinacionales e incluso (y sin ningún tapujo) la Administración Pública. Por ahora debemos conformarnos con que los becarios empiecen a cotizar. Espero que un día de estos la prensa me cuente que se han terminado los becarios. Ese día merecerá una sonrisa y un suspiro.
Forges
5 comentarios:
Me gusta como escribes, con ese verbo fluido y esa capacidad para llamar la tención del lector. Deberias escribir una columna de opinión en algún periódico. cuando sea muchimillonario (y lo seré) te contrataré como Directora de mi imperio mediático. Queda escrito.
Por cierto este gobierno siempre jodiendo a los generadores de empleo, que desde la abolición de la exclavitud, no hay más que trabas a los que de verdad mantienen al país.
Vergonzoso.
Con estos artículos como te los lean no te dan trabajo, llevas razón pero vas a la cárcel, en sentido figurado ya sabes.
Jolines, qué ganas tenéis todos de que no me den trabajo. Mi madre dijo lo mismo del de la gasolina.
Pero si es que soy tu madre la que te lo ha dicho es que no me has conocido? Asi que no tengas miedo soy la misma, cuando se den cuenta de tu valía ya verás.
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