martes, 21 de abril de 2009

Españamanía


La prensa extranjera (principalmente guiris) comienzan a darse cuenta de que las cosas no nos van muy bien en España. The Economist, Financial Times y The New York Times han publicado informaciones relacionadas con la economía española. A bote pronto, se me ocurre que debe haber alguna razón para que España sea noticia en la prensa extranjera desde el punto de vista económico.

The New York Times llama la atención sobre la deflación, un indicador que dice siempre una verdad: cuando no se vende, hay que bajar los precios. The Economist se centra en un asunto más positivo, una campaña del Instituto Español de Comercio Exterior para promocionar la tecnología en Estados Unidos. Financial Times critica el caos lingüístico y el Café para todos de la financiación autonómica.

Hace unos meses (no llega a dos años) el hueco reservado en la jet set de la press estaba relacionado con el ascenso de España al puesto octavo del ranking económica mundial, la larga duración del ciclo expansivo de nuestra economía, el salto de las empresas nacionales a los mercados internacionales...

En aquellos momentos, ocupábamos de forma esporádica alguna página de vez en cuando en The Economist. Financial Times nos mimó alguna vez. Pero ahora, en menos de una semana, hemos saltado a la palestra tres veces. Por ello, se me ocurre que el descalabro de España es tal que a todo el mundo le empieza a llamar la atención. Los redactores de otros países empiezan a preguntarse, ¿cómo es posible que un país que hace dos días tenía una tasa de paro del 8% vaya a llegar al 20%? ¿Qué falla en una economía desarrollada para pegarse tal costalazo?

Sin embargo, a mí me interesa más otra cuestión... ¿cuándo llegará ese momento de inflexión que todos los españoles estamos esperando?

2 comentarios:

santi dijo...

es el efecto llamada de los grandes rotativos anglosajones. Cuando te saca uno, todos le siguen. ¡bravo por el blog!

Elena dijo...

Muchas gracias, Santi. Sí, es una pena... España aún no tiene su hueco en el imaginario anglosajón, aparte de los típicos tópico tauro-tapeo-flamenquinos.
Un beso,