Cambiar de arriba a abajo la estructura energética española tiene un precio y la Comisión Nacional de Energía se lo ha puesto. Según publica hoy Expansión, las primas sobre la producción de energías renovables costarán a cada ciudadano alrededor de 80 durante el año que viene y algo más en 2009, cuando el 'cheque verde' entregado a los productores de este tipo de energía superará los 3.000 millones de euros.
La ayuda está más que justificada si tenemos en cuenta los loables objetivos del apoyo a las energías renovables: reducir la dependencia del petróleo y recortar las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera. Sin embargo, como toda decisión política, tiene cierto carácter de imposición: todos, con estas primas, estamos pagando un porcentaje extra para tener una electricidad menos contaminante.
Una imposición con una doble cara. Por un lado, todos contribuimos a tener un medio ambiente mejor. Aquí ya no valen las excusas. Ya no puedes decir que los contenedores de vidrio, papel y envases te pillan lejos, porque la factura eléctrica va a seguir llegando al buzón cada mes. Es una especia de donativo obligatorio que tiene cierta justificación.
Sin embargo, las ayudas tienen también una cara más amarga. En principio, no estaba previsto que los ciudadanos tuvieran que hacer frente a un coste tan elevado derivdado de las primas. Sin embargo, con un mercado de la vivienda en horas bajas, los oportunistas han encontrado en la granjas solares una oportunidad de inversión, cercana al chollo, en la que invertir esos ahorrillos que no tenía mucho sentido tener en el banco. Las subvenciones a las energías renovables han estado a punto de morir de éxito, ya que en los meses previos al cambio de legislación (es decir, a la reducción de la prima) se edificaron cientos de nuevas granjas con el único objetivo de beneficiarse de las subvenciones.
Vemos una vez más como la energía, y la economía, está a medio camino entre lo comercial y lo público, entre el beneficio individual y el bien común, entre la cuenta bancaria y el aire que respiras.
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